1. Los romanos, como cualquier cultura que se precie, también rendían culto a sus muertos con ofrendas, flores y oraciones, no sólo el día del óbito, sino también a lo largo del año a través de diversas celebraciones; éstas tenían lugar en el calendario romano durante los meses de febrero y mayo, y de esta manera se formalizaba el rito de adoración y veneración a los seres queridos ya fallecidos.
    Las fiestas en honor a los muertos eran básicamente, los Parentalia, que se celebraban durante diez días del mes de febrero; los Lupercalia, fiestas de Fauno en que se purificaba el pueblo de los daños y amenazas que le presionaban durante los días de los muertos, celebrándose el 15 de febrero; los Lemuria, que se celebraban los días 9, 11 y 13 de mayo y finalmente, el día 21 de este mismo mes, el Agonium de VeÍovÍs, fiesta consagrada a los infernales.


    Lemuria es por lo tanto una fiestas religiosa y familiar de amplia raigambre en la ciudad de Roma y en todo el Lacio. Eran unas celebraciones nocturnas que tenían lugar anualmente los días 9, 11 y 13 de mayo, y servían para aplacar a los dioses Lemures, que eran las <<larvas> o espíritus maléficos de los difuntos que, por haber perecido de muerte violenta o por causa análoga, volvían a la tierra y vagaban por la noche para atormentar a los vivos.
    El rito consistía en que en esas noches, las de los días 9, 11 y 13 de mayo, las almas de los antepasados volvían a visitar las casas que habitaron, y debían ser alejadas con palabras y  ritos amables; para ello, el padre se levanta a media noche y  cuando habían callado todos los perros y dormía todo el mundo, con los pies descalzos, hacía chascar el pulgar contra los otros dedos para evitar que se aproximase fantasma alguno; seguidamente se lavaba tres veces las manos con agua de una fontana, se volvía y tomaba en su boca habas negras, que luego tiraba detrás de sí diciendo: «jYo tiro estas habas! ¡Por ellas yo me rescato a mí mismo y a los míós!.. Repetía esta expresión nueve veces seguidas, sin mirar atrás, porque pensaba que la sombra le seguía. Volvía a tocar el agua de la fontana, golpeaba un objeto de bronce e invitaba a la sombra a salir de la casa, increpándole también por nueve veces diciendo: <<Manes de mis padres, salid,>.Se volvía, y quedaba tranquilo porque sabía que había dejado satisfechas ritualmente las almas de sus antepasados". Durante estos tres días los templos permanecían cerrados y tampoco era conveniente que hubiese celebraciones matrimoniales pues se auguraba que su fin no iba a ser bueno. 

    Los romanos creían que las habas procedían de la sangre humana y que su vaina contenía las almas de los difuntos. Por este motivo se consideraba un alimento especialmente valorado por los muertos, dado que les daba gran vigor. Es uno de los alimentos reputados tabú, puesto que comérselas puede hacer al hombre partícipe de la condición de los difuntos. Por ello, el sacerdote de Júpiter, el flamen Dialis, las tenía prohibidas. También en los cultos órficos y en las ceremonias pitagóricas el haba era un alimento prohibido. 


    Parece ser que estas “fiestas” fueron instituidas por Rómulo, al menos ese dice la tradición. Su carácter ancestral viene testimoniado por la diferencia entre animismo y antropomorfismo de las religiones griega y romana arcaicas, los romanos no creían en dioses a los que se les pudiera atribuir una forma o un rostro y los griegos sí. Efectivamente, no hay representaciones plásticas de los Lemures, con lo que podemos deducir que no son un espíritu o deidad griega adoptada.



    Hinc ubi protulerit formosa ter Hesperos ora,

    ter dederint Phoebo sidera victa locum,

    ritus erit veteris, nocturna Lemuria, sacri:
    inferias tacitis manibus illa dabunt.
    annus erat brevior, nec adhuc pia februa norant,
    nec tu dux mensum, Iane biformis, eras:
    iam tamen exstincto cineri sua dona ferebant,
    compositique nepos busta piabat avi.
    mensis erat Maius, maiorum nomine dictus,
    qui partem prisci nunc quoque moris habet.
    nox ubi iam media est somnoque silentia praebet,
    et canis et variae conticuistis aves,
    ille memor veteris ritus timidusque deorum
    surgit (habent gemini vincula nulla pedes),
    signaque dat digitis medio cum pollice iunctis,
    occurrat tacito ne levis umbra sibi.
    cumque manus puras fontana perluit unda,
    vertitur et nigras accipit ante fabas,
    aversusque iacit; sed dum iacit, 'haec ego mitto,
    his' inquit 'redimo meque meosque fabis.'
    hoc novies dicit nec respicit: umbra putatur
    colligere et nullo terga vidente sequi.
    rursus aquam tangit, Temesaeaque concrepat aera,
    et rogat ut tectis exeat umbra suis.
    cum dixit novies 'manes exite paterni'
    respicit, et pure sacra peracta putat.
    dicta sit unde dies, quae nominis exstet origo
    me fugit: ex aliquo est invenienda deo.
    Ovidio, Fasti. 5. 434.



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